Jornada micológica y cultural (Selva de Oza y San Pedro de Siresa)


El lento discurrir de la canícula parece amainar sus efectos más devastadores cuando uno aventura sus pasos a parajes de frescor tan exuberante como la Selva de Oza, salvaje derroche de riqueza natural, incomparable regalo de nuestro pirineo aragonés en la cúspide del Valle de Hecho (la Val D'Echo) donde afortunadamente, el paso de los años, no ha restado encanto al paisaje. Todo lo contrario. Oza se enriquece con su propia historia. Observando hayas milenarias, inconfundibles tributos a la fecundidad, o los antiguos bosques de abeto, se siente el caminante parte de esa antigüedad, parte de la roca y el cielo, del árbol y el río, recuperando una conexión con la madre Tierra que, en ciertas ocasiones, olvida el ser humano.
Haya milenaria de la Selva de Oza. Árbol de una energía palpable, parece un símbolo de fecundidad.
La jornada trancurrió con un clima envidiable y propicio para adentrarse en la sombra del bosque e iniciar la búsqueda de setas o boletus que se ofrecen al explorador. Eso sí, es preciso conocer qué es necesario evitar y lo que podemos recoger. No todo lo que se nos ofrece a la tierna mirada del bosque es conveniente para el ser humano. Para ello, contamos con la ayuda del poeta y micólogo Ricardo Usón, que a su vez ocupa el cargo de tesorero del Ateneo Jaqués. Con su dirección pudimos aprender a distinguir entre las setas tóxicas, las mortales y también las más sabrosas encontrando una gran variedad de especies.
Boletus de Satanás  tóxica
Esta es una muestra de algunas de los ejemplares comestibles. Podemos ver Boletus y rebollones

Inevitable visita, cercano a la selva de Oza, la del Monasterio de San Pedro de Siresa.Cuando observamos detenidamente las antiguas piedras del monasterio, estas parecen contemplar el impresionante paisaje que desde este punto podemos disfrutar. A 822 metros de altitud el primer asentamiento de esta zona fue visigótico. La primera construcción de este monasterio data del año 833 bajo la regla de Codregango de Metz. Esplendorosamente, se cita en varios documentos y se hace especial hincapié en la gran biblioteca con que contaba el monasterio donde, según se cita en varias ocasiones, se guardaron ejemplares de tradición grecolatina donde destacaban obras como La Eneida, La ciudad de Dios de Agustín de Hipona o las fábulas de Aviano. Posteriormente, en la población de Jaca, también se fundó otro monasterio de San Pedro, con la misma advocación, ya que estaba fundado por monjes procedentes de Siresa. Tras un gran incenido, se reconstruyó la antigua capilla carolingia, en el año 1082, con planta de cruz latina y un único ábside construido sobre una cripta. Aunque se conservan construcciones prerromanicas a su alrededor su aspecto es fielmente románico. El rey Sancho Ramírez de Aragón estableció una comunidad de canónigos que esta vez, seguirían la regla de San Agustín. En este monasterio se educó el rey Alfonso I El Batallador y en el año 1145 se produce la unión definitiva con Jaca. Ahora les dejamos con un paseo virtual por el Monasterio con unas fotografías que, esperamos, den fe de la grandeza y la historia de este incomparable lugar.
Cristo Románico en madera policromada
Detalle de las arcadas
Uno de los retablos góticos que se conservan en San Pedro de Siresa
Detalle de la techumbre













Se dice que, en un hueco abierto del ábside, se ubicó el Santo Grial, relacionado también con otras construcciones de la zona como el Monasterio de San Juan de la Peña, la cueva de Yebra de Basa, San Adrián de Sesabe, San Pedro de Bailo o la Catedral de San Pedro de Jaca donde permaneció hasta su definitivo traslado a Valencia.¿Leyenda o realidad? Por si acaso, dejaremos una puerta abierta a la posibilidad.
Para finalizar, en el poema de la semana recordamos a la poeta de Hecho Victoria Nicolás, autora del libro Plevias, escrito en cheso.

Ixa mesacha que suenia 
Acucuta en la finestra 
Entre que la luna plena
ye adormida.
Parez que l´aire
pare cuenta y haya miedo
de crebar los suyos sueños.
Y por ixo,amoniquet,muy quedo, quedo, muy quedo
por no ferla dispertar
 fa planto en unos chinebros.

(©Victoria Nicolás)

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