Chas, apareció a nuestro lado

De izquierda a derecha: Alfredo Saldaña, el autor Eduardo Laborda y Juan Royo
Y este título, no es ninguna broma. Cuando los tres presentadores del acto fueron tomando la palabra, uno a uno, los altavoces de la sala del Centro de Historias de Zaragoza emitieron un sonoro chisporroteo, como una pequeña travesura, como un ¡chas...chas... chas, chas! El autor del libro, Eduardo Laborda, esbozó una sonrisa y con la habitual ironía y esa pizca de humor negro que le caracteriza, dijo "¡Sin duda, este es Chas! Está con nosotros..." Afortunadamente, todo quedó en eso, en una broma, una travesura quizá de Chas que, emocionado porque Eduardo rescataba esa tarde su memoria, quería estar presente, en la presentación. Fue el pasado jueves, la cita ineludible con la cultura aragonesa, en el Centro de Historias de Zaragoza, donde el pintor Eduardo Laborda presentó su tercera obra literaria, el magnífico Chas: de Salduba a Las Vegas, editado pulcra, elegante y cuidadosamente por su pareja, la también pintora Iris Lázaro. El Ateneo Jaqués no podía faltar a la cita.
Eduardo Laborda, tras la presentación, firmando ejemplares.
Como ya hiciera con Manuel Bayo Marín, Eduardo Laborda, en su faceta como escritor, rescata ahora del siempre injusto olvido, al dibujante, periodista, caricaturista y también escritor, Marcial Buj Luna, alias Chas (Zaragoza 1909-1959) Y lo hace con ese estilo propio y original que ya pudiéramos ver en Zaragoza, la ciudad sumergida o Bayo Marín. Entre luces y sombras. Partiendo de un profundo y largo proceso de investigación y documentación, Eduardo esboza los rasgos de Chas con "...un afilado lápiz negro....El resultado ha sido una serie de viñetas con apariencia de guion cinematográfico salpicado de flashbacks y algunas licencias de ficción..." (Pag. 7) 
Incluso antes de comenzar el acto de presentación, Eduardo Laborda firmó numerosos ejemplares de "Chas. De Salduba a Las Vegas"

Chas fue dinámico y trascendental agitando de manera singular la vida cultural aragonesa durante la Segunda República y posteriormente, burlando de manera ingeniosa la censura, brillando excepcionalmente durante la oscura posguerra y dotando de un esplendor inusual la decadente década de los cincuenta. Aunque su trabajo se consolidó de manera permanente en el Heraldo de Aragón, trabajó durante toda su vida en diversos medios aunque, a diferencia de otros compañeros suyos, Chas prefirió quedarse en Zaragoza.
La portada del libro en la que Chas aparece como una imagen clásica de actor de cine negro

Pero Chas: de Salduba a Las Vegas es mucho más que un relato biográfico sobre la figura del periodista y su obra. Es un paseo por la Zaragoza de los cincuenta, la ciudad de los neones que no dormían y se encendían justo para el ocio nocharniego de los bohemios artistas, la de las salas que aspiraban a las luces de Las Vegas, al romanticismos de París, desde el eterno Ebro parsimonioso que observaba, en silencio, cómo los cazas norteamericanos de la recién estrenada base aérea sobrevolaban su cauce, cómo los enormes y lujosos Cadillacs paseaban junto a sus orillas y deslumbraban a los zaragozanos, acostumbrados como máximo a un Seiscientos verde oliva. Una magia especial merodeaba por las calles de Zaragoza en aquella época, para un buen puñado de artistas; algo en la barra del Las Vegas (un local que desde la prensa de Madrid bautizaban como el más atractivo de España), anteriormente del Salduba y antes aún, en el Niké, donde además de la tertulia de Miguel Labordeta, habitaron también los muchachos de la Cofradía de las barbas: jovenes artistas dispuestos a provocar, a buscar el camino para ser políticamente incorrectos en aquella época de dictadura y hermetismo donde era necesario saber burlar la censura. Jovenes artistas que habían creado libremente durante  la Segunda República y que, en la oscura y difícil época de posguerra, pretendían poner la alegría a la penuria, el color a aquella sociedad en blanco y negro. La Cofradía de las barbas, formada por Luis Mata, Engel Medina, Bon, Tomás Seral, Ildefonso Manuel Gil, Bayo Marín, Chas... tenían su cuartel general en el Café Niké, donde organizaban con asiduidad exposiciones pictóricas y su compromiso era claro y conciso: dinamizar culturalmente la ciudad de Zaragoza. Lo consiguieron. Sin duda. Las viñetas de Chas, cuajaban de un estilo propio, moderno y original, las hojas del Heraldo de Aragón, donde también aparecía, por supuesto, su amigo Bayo Marín.
Caricatura de Antonio Saz Agudo, por Chas. Encontrada en el blog El Milloncete. Esta caricatura fue dibujada en el balneario de Panticosa
Cartel de las Fiestas del Pilar de 1944, elaborado por Chas.

Las muy personales entrevistas de Chas, marcaron un antes y un después en el periodismo aragonés.  El protagonista podía ser Salvador Dalí, Marín Bagüés, la estatua de Basilio Paraíso o un chaval cualquiera de su barrio. En este punto es preciso destacar sus estancias en el balneario de Panticosa, donde tuvo la oportunidad de entrevistar a sus más destacados visitantes. En definitiva, estamos ante otra obra positivamente sorprendente la recién presentada por Eduardo Laborda que, desde el Ateneo Jaqués, recomendamos fervientemente y esperamos poder presentar, en breves, por el Pirineo.  Más info. en eldia.es 

Eduardo Laborda con el libro. fotografía de aragondigital.es
 

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