Refugiados. Cuando la casa es el cañón de una pistola





El pasado miércoles, en la "Poesía social antes de los plenos", en la puerta del Ayuntamiento de Jaca, Lucía Pons Escrich, leyó el poema "Casa" de la escritora somalí Warsan Shire en una jornada dedicada a los refugiados. Informar que hasta el próximo sábado hay recogida de ropa ara los refugiados en el Casino de la Unión Jaquesa. Dejamos aquí un fragmento de la lecutra del pasado viernes y a continuación, el poema completo de Warsan Shire.



"Nadie se va de casa
salvo que la casa sea la boca de un tiburón.
Solo corres hacia la frontera
cuando ves  toda la ciudad corriendo también.
Tus vecinos corriendo más rápido que tú,
aliento ensangrentado en sus gargantas,
el niño con el que fuista a la escuela
que te besó aturdido detrás de la vieja fábrica de hojalata
lleva una pistola más grande que su cuerpo.
Solo te vas de casa
cuando la casa no te deja permanecer.
Nadie se va de casa salvo que la casa te persiga,
fuego bajo los pies,
sangre caliente en tu vientre,
es algo que nunca pensaste que harías
hasta que la cuchilla quemó amenazas
en tu cuello
e incluso entonces llevaste el himno
entre dientes.
Solo rompiste el pasaporte en el baño de una aeropuerto
sollozando mientras cada bocado de papel
dejaba claro que no ibas a volver.
Tienes que entender
que nadie mete a sus hijos en un barco
salvo que el agua sea má segura que la tierra,
nadie se quema las manos
bajo trenes,
debajo de vagones,
nadie pasa días y noches en el estómago de un camión
alimentándose de periódicos
salvo que las millas recorridas
signifiquen algo más que viaje.
Nadie se arrastra debajo de las vallas,
nadie quiere que le peguen,
que sientan lástima de él.
Nadie elige campos de refugiados
o registros sin ropa
que te dejan el cuerpo dolorido,
o la prisión,
porque la prisión es más segura
que una ciudad de fuego
y un guardia de prisión
en la noche
es mejor que un camión lleno
de hombres que se parecen a tu padre.
Nadie podría soportarlo,
nadie podría aguantarlo,
ninguna piel sería lo bastante dura.
Los: '¡Volveos a casa negros refugiados,
sucios inmigrantes, solicitantes de asilo,
exprimiendo nuestro país,
negratas con las manos tendidas,
huelen raro, salvajes,
destrozaron su país
y ahora quieren destrozar el nuestro!'
Cómo es que las palabras,
las miradas sucias,
caen rodando de vuestras espaldas
quizá porque el golpe es más blando
que un miembro arrancado
o las palabras son más tiernas
que catorce hombres entre tus piernas
o los insultos
son más fáciles de tragar
que escombros,
que huesos,
que tu cuerpo infantil
en pedazos.

Quiero ir a casa
pero la casa es la boca de un tiburón,
la casa es el cañón de la pistola
y nadie se iría de casa
salvo que la casa te persiga hasta la costa,
salvo que la casa te diga
que muevas más deprisa tus piernas.
Deja la ropa atrás,
arrástrate por el desierto,
vadea los océanos,
ahógate,
sálvate,
sé hambre,
mendiga,
olvida el orgullo,
tu supervivencia es más importante.
Nadie se va de casa hasta que la casa es una voz sudorosa al oído
que dice: -Vete, huye de mi ahora.
No sé en qué me he convertido
pero sé que cualquier lugar
es más seguro que aquí-"

("Casa", de Warsan Shire)


Warsan Shire









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