Visita guiada con Iris Lázaro


Azul escarcha (1993)

Ayer jueves 1 de diciembre, la artista Iris Lázaro (Trébago, Soria 1952) ofreció una visita guiada a la Retrospectiva de su obra (1977-2016) expuesta actualmente y desde el 6 de octubre, en la Lonja de Zaragoza, hasta el próximo 31 de diciembre. Invitada por el Ateneo Jaqués y el Grupo FEZ(Fotógraf@s en Zaragoza), Iris realizó un recorrido por las más de sesenta obras que conforman la muestra ante unas 25 personas en una actividad dirigida a socios del Ateneo Jaqués y miembros del Grupo FEZ.


Eléctricas reunidas de Zaragoza (2008)

Iris Lázaro es la maestra del realismo figurativo español que, desde los años setenta, está afincada en Zaragoza. Hasta esta Retrospectiva llevaba tres lustros sin exponer en la capital aragonesa. A finales de la década de los noventa pudimos visitar parte de su obra en el antiguo Casino Mercantil de Zaragoza, por aquel entonces Cajalón y ya en 2001, en el Banco Zaragozano. Entre 2006 y 2007 quiso acercar su trabajo a sus paisanos, a Soria, realizando una gran exposición que visitó otras ciudades como Valladolid o Salamanca. Este mismo año 2016 ha recibido el Premio Moisés Calvo, otorgado por el Centro Soriano de Zaragoza.

Iris Lázaro explicando una de sus obras (Fuente: Heraldo de Aragón)


Instante de la visita celebrada ayer

Todo comenzó en Trébago (Soria), lugar donde nació en 1952 Su pasión natural por el dibujo ya estaba presente en los primeros años de su infancia, de manera innata. Así, cuando las lavanderas abandonaban su engorroso trasiego de telas y ropajes a la orilla del río, la pequeña Iris aprovechaba la ocasión para pintar con piedras, tizas y areniscas sobre las rocas que servían de lavadero natural. Entre sus recuerdos de infancia en Trébago, destacan los campos, la huerta, el nacimiento del río Manzano o los papeles de periódico arrugados que sus padres le proporcionaban para que dejara de dar guerra y se entretuviera en la que ya suponía su mayor afición: la pintura. Su padre, campesino, enseñó a Iris a apreciar la naturaleza. Le revelaba los secretos de la huerta, de los ribazos, de las arboledas o la afición por la arqueología. Por parte materna, modista de profesión, la pasión por las telas y los vestidos bien confeccionados, tema central de su obra en un periodo más temprano. De hecho, la primera obra que podemos visitar en la Retrospectiva de la Lonja se titula "El primer vetido".

Jardín (1982)
En 1972 Iris Lázaro se matricula en la Escuela de Bellas Artes de Zaragoza, para cursar una carrera breve de Decoración. Allí entra en contacto con el ya pintor Eduardo Laborda, intensificando así su interés por la pintura. Recuerda la artista, en esta entrevista con Antón Castro, que en Semana Santa de 1972 llevó un lienzo a casa y realizó su primera obra: un bodegón. A partir de entonces, comenzó a trabajar en más cuadros, se presentó a varios premios y en algunos de ellos resultó ganadora, proporcionándole la confianza necesaria. Sus trabajos fueron seleccionados para exponer en colectivas, también realizó algunas exposiciones individuales y comenzó, poco a poco, a ser remunerada por ello. Dedicó su vida a la pintura.

Iris Lázaro durante la inauguración de la Retrospectiva. Fuente: Heraldo de Aragón
La Retrospectiva que podemos visitar en la Lonja es un exhaustivo repaso por toda su obra. Aunque sus comienzos ya estaba ligados al realismo, sus trazos eran más sueltos y expresionistas. De esta época inicial pasó a la obsesión por las telas y los vestidos con cuerpo, pero llenos de un cuerpo invisible o de un aire corpóreo, uniendo así el realismo al surrealismo. Misterio e inquietud que nunca han abandonado su obra. Encontramos, a continuación, la pintura elegíaca, la pérdida, el vanitas. Un mundo que desaparece y que Iris rescata en sus lienzos. Cerámicas desconchadas en los antiguos bancos del Canal Imperial o del Cabezo; anuncios carcomidos, palabras incompletas, números borrados sobre desvencijadas puertas de aquello que fue una vivienda: la pérdida. Poco a poco, la naturaleza fue imponiéndose en sus obras. La huella paterna del amor al campo, a la huerta, al congelado paisaje soriano. Los recuerdos de la infancia. Los paisajes escarchados, las estampas nevadas, se reúnen en la obra de Iris que elige colores fríos para una tierra fría, pero llena de matices, en sus cuadros. En el último tramo de la Retrospectiva, aparecen los cadáveres de gigantes. Árboles milenarios, muertos, cuyos troncos derrumbados componen la obsesión central de la obra. Cementerio de árboles. Troncos huecos, carcomidos que, con su muerte, acogen vida en su interior. Una muerte que también evoluciona, pues en dos obras distintas podemos observar el mismo árbol caído, con dos años de diferencia. De nuevo el vanitas, el paso inexorable del tiempo con su cruel finitud, que encontramos también en un bodegón, con las granadas de Perséfone. Son éstas, obras realizadas este mismo año. La sorpresa depara al visitante en los últimos ejemplos de esta muestra. Por primera vez en Zaragoza tenemos la oportunidad de observar el mar a través de las pupilas de Iris. Tres marinas donde podemos apreciar el movimiento del mar, en un estado salvaje o en calma. Al llegar a la última obra de la Retrospectiva, encontramos un guiño familiar y también inédito hasta ahora. El único retrato. El retrato de sus padres, en un paisaje de Trébago.

Golpe de mar (2008)

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